Federico Solá (Alberto San Juan) quiere dirigir en cine su primer guión. El productor, José María Culebras (Miguel Rellán) consigue a una folclórica (Nathalie Poza) para el papel protagonista. La producción, a partir de esa pequeña imposición, se convierte en un desastre.
Una película sobre el mundo del cine puede ser un gran retrato ácido, como “El juego de Hollywood”, de Robert Altman, pero cuando se trata con trivialidad y teniendo en mente un discurso pseudo-artístico y cuasi-político queda una comedia en la que no te ríes y un panfletillo que no hay quien se crea.
El trasfondo de esta película, aparte de dar una imagen estereotipada del mundo del cine, de sus fuente de financiación y profesionales, intenta decirnos que el cine comercial es una basura. Una basura que nos termina gustando, pero no es arte. Vamos, la campaña esa de Resines y el “caracoles” del partido de béisbol.
Pero es que lo que los “creadores” de este largometraje, en un esfuerzo por ser “guays” no se dan cuenta de que critican todo lo que han hecho hasta el momento, es decir, “El otro lado de la cama”, “Los dos lados de la cama” y “Dias de fútbol”: cine comercial, sin chicha ni guión, superficial y tontorrón pero que genera mucho dinero y aplausos del público.
Lo mejor: Nathalie Poza y Miguel Rellán.
Lo peor: Todo lo demás.
