El abundante mérito de Stephen Frears es manejar la historia de Roddy Doyle ( autor de “The Barrytown”, trilogía cuya primera y áspera parte era aquella “The commintments” del otrora en primera fila Alan Parker y con un reparto casi idéntico a este café irlandés ) y extraerle la poderosa carga localista ( Dublín, años 80 ) y entregar una obra universal, de fácil reconocimiento, de empatías inmediatas, sin condescender a lo político ni naufragar en lo tópico, sin dejar nunca de abastecernos de verdad, verdad que bascula entre lo cómico y lo dramático sin escorar en exceso por ninguna de las dos. El amable lector puede tener la certeza de que hay raciones generosas de ambas.
Frears regresaba a su casa, la BBC, después de facturar “Héroe por accidente”, un sainete a lo Capra que no tuvo gloria en Hollywood, pero que no desmerece al completo de su obra. En este medio británico, Frears se permite licencias y sutilidades, guiños con sarcasmo y dulzura o emotividad a raudales. Todo está permitido. A diferencia del otro maestro de lo costumbrista ( Ken Loach ), Frears no agobia, no apabulla con estampas miserables, con retratos oscuros de la sociedad empobrecida y de sus corsés sociales.
La imponente actuación de Colm Meany como padre apesadumbrado por el embarazo de su hija ( y su negativa a dar el nombre del padre ) da al film un poso de humanidad muy considerable y que consigue que este “mocoso” ( The snapper, tal es el título original en inglés ) sea cine entretenidísimo, muy bien hecho y de recuerdo imborrable en nuestra memoria cinéfila. Con pocos mimbres, se pueden hacer sillas estupendas.
Lo mejor: Los actores, el guión, la sencillez con que se maneja todo
Lo peor: Que no haya más films de este estilo, naturales, cercanos....
