Opinión · Nº 70036 · 30-04-2026
Crítica de

Fuerza mayor

Si estalla la discusión entre el público, en ese mismo instante, sabremos que el director se ha salido con la suya.

Y ahora sí, nos centramos en la sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla 2014 y en una de las películas estrella del festival, la aclamada Fuerza Mayor o Turist (seleccionada para los Óscar, y finalmente ganó en Sevilla el premio más importante: El Giraldillo de Oro), un filme que viene del norte, de Suecia concretamente, para hacernos recapacitar acerca de las relaciones de pareja. Ya nos lo advertía su director, Ruben Östlund, desde una pequeña isla en Goteborg. Hablaba con el público de Sevilla a través de un vídeo casero y bromeaba al presentar la película cuando decía que su intención había sido rodar la mejor avalancha de nieve jamás filmada y la más desastrosa separación de un matrimonio.

La broma no era tal, porque la cinta arranca como si se tratase de una película de catástrofes para, enseguida, centrarse en la verdadera catástrofe del largometraje: las consecuencias que dicho alud tiene sobre la pareja protagonista:

Tomas y Ebba disfrutan de unos días de vacaciones con sus hijos en un centro turístico dedicado a los deportes de invierno. En la segunda jornada, sufren la angustia de una avalancha que por suerte se queda en nada, pero que los sitúa al borde de la ruptura. Todo por culpa de la reacción de Tomas en el momento del siniestro: sale corriendo sin mirar atrás, abandonando a su suerte a Ebba y a los pequeños.

Para narrar la historia, el realizador juega con los personajes y con el entorno. Si bien se apoya en bellos paisajes nevados, pone el énfasis en una suerte de situaciones aparentemente peligrosas que amenazan a los protagonistas. También recurre al sonido cuando las explosiones controladas de la estación de esquí da la impresión de que anuncian una tormenta artificial, algo que en todo momento nos pone en ambiente: el feliz matrimonio se acerca al punto de ebullición.

La trama de Fuerza Mayor nos recuerda lo frágil de las relaciones de pareja, y nos sitúa dentro de un cine, el sueco, que tradicionalmente se ha ocupado de este tema desde que Ingmar Bergman lo hiciera suyo a lo largo de toda su obra. Sin embargo, a diferencia de Bergman, Östlund huye de cuestiones metafísicas, abandona el realismo poético y la carga literaria de su antecesor, para trasladar su reflexión al mundo de los mortales. Presenta con objetividad, y con humor, el conflicto al espectador, que tenderá a posicionarse a favor de una de las partes, no en el momento del alud, sino en el debate posterior.

Algo parecido a lo que le sucede a otra pareja que aparece en la trama, como si nos representaran a nosotros, al público, y que también se pondrán en una difícil situación al tener que opinar acerca del comportamiento de Tomas. Al final, la disputa entre Ebba y su marido sí que tendrá un efecto avalancha. Será cuando provoque una cascada de dudas entre las parejas que asisten al drama. Si estalla la discusión entre el público, en ese mismo instante, sabremos que el director se ha salido con la suya.

Lo mejor
El debate posterior
Lo peor
Nada que reseñar

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