Opinión · Nº 69838 · 28-04-2026
Crítica de

Cañones en Batasi

El imparable movimiento descolonizador surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con su cenit en los años sesenta, es retratado por el director con habilidad, determinación y cierta ironía.
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Basada en la novela de Robert Holles, Cañones en Batasi es una película que, a pesar de su origen literario, se nos antoja más cercana al teatro que a la narrativa. Quizás por el entorno donde se desarrolla la mayor parte del filme (la cámara de suboficiales de un regimiento del ejército colonial inglés), pero también por la profusión de diálogos y por el enfrentamiento de caracteres.

En un país africano imaginario (podría ser Kenia), se levanta el pueblo contra el gobierno títere del Imperio Británico. En paralelo, en un regimiento arranca un motín liderado por un oficial de color. Depuesto y herido el capitán nativo leal a la corona, nada les impide a los amotinados hacerse con el cuartel y con las armas. Sólo unos pocos suboficiales blancos resisten ante los rebeldes. El enfrentamiento se recrudece cuando los británicos no dejan que el capitán herido caiga en poder de los insurrectos. El sargento mayor Lauderdale (Richard Attenborough) liderará la suicida resistencia.

Guns at Batasi es una cinta que no defrauda al amante del género ya que apuesta decidida por el entretenimiento, pero tampoco elude el mensaje político y social. Para cumplir con lo primero nada mejor que dejar el proyecto en manos de John Guillermin, un director especialista en cine comercial y doctorado en largometrajes de catástrofes (El Coloso en Llamas, ¡Alarma! Vuelo 502 secuestrado, y un largo etcétera). Para lograr lo segundo, lo del mensaje, la cinta ofrece una retahíla de personajes secundarios que proponen, cada uno de ellos, una metáfora en su interior. De esta forma, el imparable movimiento descolonizador surgido tras la Segunda Guerra Mundial, con su cenit en los años sesenta, es retratado por el director con habilidad, determinación y cierta ironía.

En efecto, entre las cuatro paredes de la sala de recreo de los suboficiales, Guillermin presenta un microcosmos que explica las diferentes posturas de las partes implicadas (países e instituciones internacionales). De entre todos ellos, destaca un magnífico Richard Attenborough, a nuestro entender en el papel de su vida (quizás compartido con aquellos otros dos bélicos de La Gran Evasión y El Yang-Tsé en llamas). Lord Attenborough encarna al sargento mayor Lauderdale, un militar ordenancista que aún cree en el Imperio y que está deseando ser el protagonista de una heroica acción digna de figurar en los anales de la historia. Para contrarrestar el fuerte e intransigente carácter de Lauderdale se encuentra el resto del elenco: a saber, una congresista liberal (Flora Robson, ¿la recuerdan en Siete Mujeres?) que muestra cierta simpatía por los rebeldes, pero que será engañada por ellos; un soldado (John Leyton), y el resto de suboficiales, que no están por la labor de perder sus vidas en un conflicto que ni les va ni les viene; el capitán nativo, aún leal a la corona y que, al igual que su gobierno, agoniza frente al imparable movimiento descolonizador; y una funcionaria de la ONU (Mia Farrow, prácticamente debutando), tan joven e inocente —e irresoluta— como la institución a la que representa.

Con todo esto, el atractivo del filme es indudable, pero Guillermin eleva más la calidad de la cinta con la inteligente postura de no rechazar del todo al sargento mayor Lauderdale. El carácter rancio e intolerante del ser solitario abandonado por todos le es simpático al director —y al público— y esa ambigüedad es lo que hace que Cañones en Batasi sea, finalmente, una gran película.

Lo mejor
El personaje interpretado por Richard Attenborough
Lo peor
Nada que reseñar.

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