Así, sin explicitar ni airear los hechos, gracias a lo que nos van contando los actores, sabemos que la cinta pasa por la Gran Guerra, el fascismo, la Segunda Guerra Mundial, la posguerra o los años 60. El largo pasillo del hogar –a modo de columna vertebral de la cinta- inicia cada elipsis y la termina. Los niños que juegan en él introducen los episodios de forma ejemplar; son niños distintos, de diferentes parientes, los que usa Scola para dar un salto en el tiempo y conseguir unir las secuencias con habilidad para firmar una de sus mejores películas.
Lo mejor
Las elipsis narrativas.
Lo peor
Nada que reseñar








