El director Steve McQueen desnuda a sus personajes (por fuera, claro, y por dentro) para mostrar los dobleces del dolor: la interpretación de ‘New York, New York’ más triste que se pueda escuchar; una carrera nocturna por la ciudad que, supuestamente, nunca duerme; miradas furtivas en el metro; sexo sin compromiso casi en todas sus variantes posibles…
El peso de la película recae en la tremenda pareja protagonista: un inmenso Michael Fassbender del que podemos disfrutar en todo su esplendor, desnudo integral incluido (oh, sí) y Carey Mulligan, que ilumina la pantalla con su mirada triste e intrigante. Dos de los actores de moda que aquí interpretan a dos hermanos distanciados y perdidos pero vinculados por la sangre y por la soledad.
Shame provoca, atrae, no da opción a la redención, no muestra el camino de la recuperación. Nos deja conteniendo el aliento una y otra vez a partir de secuencias dolorosas. Porque a veces no hay opción para el final feliz.
