Sin diálogo, gracias a la forma de dividir la pantalla en varios fotogramas, contrapone la velocidad, el ruido, la gente, a la tranquilidad, silencio y aislamiento que ofrece, en este caso, el “Blue John Canyon” en Utah. Logra un ritmo vertiginoso en la primera parte que hace aún más angustiosa la segunda.
Sientes claustrofobia, terror y al final, cuando el protagonista consigue liberarse, a costa de cercenarse el brazo, al encontrar gente y dejar escapar un grito de socorro, sientes en ese grito todo el miedo de alguien que hasta ese momento nunca creyó que necesitaría la ayuda de los demás. La angustia va “in crescendo”, no puede parar por miedo a morir y cuando llega al helicóptero es inevitable romper a llorar, ¡al menos yo lo hice!. Después de ver esta película he decidido no volver a lugares como “El desfiladero de la Yecla”, en Burgos, en el cual estuve en octubre pasado, y cuyo recorrido (cada vez más estrecho, más hondo, más vertical) no fui capaz de completar. Quiero leer “Entre la roca y un difícil lugar”, de Aron Ralston.Lo mejor: La forma de contar la historia es sorprendente.
Lo peor: Resulta claustrofóbica.
