¡Perdonen que no se me levante!

★★★★☆ Muy Buena

Así titularía esta crítica si fuera hombre, porque después de ver a Michael Fassbender en TOOOOODO su esplendor y desde todos los ángulos posibles solo te quedan dos opciones: hundirte en la miseria para siempre o aprovechar la coyuntura, esto es el calentón que seguro llevará encima tu acompañante femenina, y proporcionarle un desahogo que en nada te comprometerá porque no será en ti en quien esté pensando. La vida del  protagonista de esta historia, un fascinante Fassbender,  discurre por una línea que se inicia en el erotismo, se explaya en el sexo y  termina conduciéndote por su lado más sórdido. Viajar en metro y encontrarte cada mañana con Fassbender, que enamora, más si cabe (¡no sé si cabe más!), con su forma de mirar que con su impresionante físico, tiene que ser para morirte, pero de gusto. Excepcional la pareja protagonista que conduce, con un sorprendente y magistral tacto, una historia cuyo trasfondo, el tabú del incesto, ya predispone en su contra a buena parte de la audiencia. La película resulta demoledora porque “acojona”. No entiendes que personas como Fassbender y Carey Mulligan (una fantástica actriz que ha dejado huella, ya imborrable, en pantalla con esta interpretación y con la de “Drive”) guapos, con talento y unas razonables buenas vidas, puedan llegar a tocar fondo de esa manera y desciendan a tal nivel de aniquilación física y mental. Una historia triste, que habla del aislamiento al que te conduce cualquier tipo de adicción. Una película  que cala hondo y te perturba sobremanera.
Lo mejor: Faasbender por todo
Lo peor: las escenas de sexo explicito pueden desagradar a algunas personas.
publicado por Teresa Suarez el 5 julio, 2012

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