La misma idea, o muy parecida, la repitió el director Oren Peli en 2007 con Paranormal activity. De nuevo, cámara al hombro o en el trípode, tenemos una supuesta cinta casera en la que el miedo no viene por los sustos y las vísceras que vemos, sino por lo que no vemos, o por lo que nos hacen creer que vemos.
na joven pareja decide comprarse una cámara y grabar lo que ocurre por la noche en su habitación mientras ellos duermen para intentar aclarar de dónde vienen los ruidos y fenómenos extraños que notan. Según investigan en Internet (oh, gran fuente de sabiduría) y según les dice un medium, lo más seguro es que se trate de un demonio que persigue a la chica. Sí, tal cual. Es decir, una historia de fantasmas clásica pero con una pequeña vuelta de tuerca.
El tema inquieta, es obvio. Pero inquieta si quieres que te inquiete. Igual que sucedía con El proyecto de la bruja de Blair, el no ver nada claro tiene sus pros y sus contras. Son películas que cuentan con que la participación psicológica del espectador. El que no esté predipuesto a pasar miedo, se quedará frío.
Personalmente, me dejó fría El proyecto de la bruja de Blair y, a pesar de las expectativas, me ha vuelto a dejar fría Paranormal activity. ¿Las secuelas de ser una adicta a Scream y Saw? Quizá.
Los fans del terror psicológico, de ese que se te mete en el cuerpo hasta llegar a los mismísimos huesos, están de enhorabuena. La saga de Paranormal activity parece estar en pleno despegue gracias al éxito en taquilla de la tercera parte. ¿Hasta dónde llegarán? Que tiene sus seguidores es obvio. Y la curiosidad nos llevará a los demás a seguir viéndolo.
