La historia no es una cosa de otro planeta, es simple pero narrada con brío, trata sobre un grupo de pandilleros juveniles (todos con cazadoras o sudaderas con capucha) de un conflictivo barrio del sur de Londres, que se enfrentan, ellos solitos, a una invasión de monstruitos peludos espaciales, que parecen engendros sacados del apareamiento entre una gorila y Alien. Sus armas: un machete, bates de béisbol y todo tipo de petardos pirotécnicos. Todo ello completa una mezcla explosiva de un ritmo visual ejecutado con un dinamismo de reminiscencias a ‘Lock & Stock’.
El resultado definitivo es una propuesta de puro cine de entretenimiento, muy divertida, muy original y muy agradable de ver, que cuenta con un reparto desconocido, pero con un impagable Nick Frost como traficante de drogas. Estamos sin duda ante una de las grandes sorpresas del año que te hará pasar un rato cojonudo y te dejará una sonrisa de satisfacción en la cara. No se la pierda.
