Soy de esos que ha visto a sus padres discutir más veces que besarse. Así, y como todo el mundo alguna vez, me he visto obligado a presenciar como dos personas que quiero se sacan mutuamente lo peor de cada uno, sin poder hacer yo nada para evitarlo. Y por fin, para acabar con el autovictimismo y empezar a hablar de lo que nos trata, me explicaré: presenciar esas discusiones era una sensación muy, muy incómoda.
Y es que esa es la primera sensación que te trae ‘Un Dios Salvaje’ adaptación de Roman Polansky a la obra de teatro de Yasmina Reza. Una pareja de padres va a ver a otra pareja para hablar de una pelea que han tenido sus hijos en el parque, pero pronto verán que no va a ser tan fácil de solucionar. ¿Cine convencional? ¿De ese en el que empatizas con personajes que te cuentan una historia? Para nada. Si lo haces, caerás presa de la incomodidad. Si te libras de ello, estarás dispuesto a presenciar un duelo dialéctico y de personalidades de primer orden.
Una realización impecable y un reparto excelente te muestran a cuatro individuos tan bien definidos como ingeniosos. Precisamente por dejar tan claras sus actitudes podemos encontrar en ellos sus valores más profundos y sus manías más deplorables. El resultado: un gancho de izquierdas de los cuatro personajes contra sí mismos y contra el concepto de políticamente correcto que pueda tener el espectador.
Los continuos gags y alguna sorpresa hacen, además, entretenido el conjunto; aunque a mi juicio le falte en ciertos momentos una marcha más de intensidad. Debido a eso, es posible que se haga corta (y aquí no hay refranes de buenos y breves que valgan), pero creo que me vale para decir, sin temor a equivocarme, que ha quedado inaugurada la temporada 2011/2012 de pelis interesantes en las salas.
Si van a verla, no empaticen, no compartan valores con ninguno, no elijan ningún favorito, y recuerden: Esto es una pelea. Esto es una comedia. Y seguro que acabarán con moratones y alguna carcajada.
