La animación por ordenador no supuso una tumba para la tradicional si no más bien una criba para que solamente joyas como este film salieran a flote. El director francés Sylvain Chomet ha rescatado un guión olvidado del también creador de películas Jacques Tati. Es la historia de un ilusionista en decadencia que viaja por Europa en busca de un trabajo cuando en su camino apea a una joven escocesa que, ensimismada, decide seguirle en su camino de magia y encanto. La nostalgia y la comedia son las sonatas de una historia que recorre los encantos de El Viejo Continente de los años 50 pasando por París, Londres y centrándose en Edimburgo. No hay conversaciones, apenas monosílabas entre sus protagonistas, pero en esta película de mimos la música y el hermoso trabajo gráfico hablan lo que las palabras no necesitan decir. La trama ahonda en la ilusión, desilusión, inocencia, decadencia, envejecimiento, coraje y los achaques propios de una década en la que muchos empezaban de cero cada día y los planes se tambaleaban. Un film de trazos finos, de calma en la tormenta, simpatía en sus gestos, luces hermosas, lugares inmortales y personajes tan entrañables como pintorescos. El resultado del trabajo de un mimo y un director: El primero que escribió el guión antes de morir y el segundo que lo rescató para convertir la ilusión en largometraje.
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