La pasión de Hollywood por los falsos culpables (el mayor exponente fue Hitchtcock hace ya medio siglo largo) y por los inocentes dudosos la conocemos todos. En definitiva, un thriller desabrido que no aporta nada nuevo al género, salvo unas atractivas escenas judiciales que compendian todo el filme.
Lo mejor: Un buen comienzo.
Lo peor: Que no hay nada nuevo que contar.
