El sueño y el tiempo se unen en una perfecta composición visual, para ser filmada a cámara superlenta y con unos efectos especiales magistrales. Pero lo que caracteriza a un espécimen de este tipo, es su condición de tratado onírico formulado por un racionalista: sin que su relato abandone las leyes de lo irracional, Nolan parece empeñado en representar un mundo fluido e inestable.
Si cogemos la célebre frase “la realidad supera a la ficción” e invertimos la posición de las palabras, obtendremos como resultado la definición de ‘Inception’. Esto Nolan lo vuelve a hacer. Vuelve ha dejarnos con la boca abierta.
Lo mejor: Las escenas en el hotel.
Lo peor: Que se la pierda.
