El 13 de diciembre de 1937 el ejército japonés asalta a la que, por aquel entonces, era la capital de la República de China. Los soldados nipones cometieron y provocaron todo tipo de brutalidades; violaciones, fusilamientos, refugiados, quema de cadáveres, suicidios. Más de 300.000 muertos tuvo como resultado una de las masacres más sangrientas de la historia de China. Por un instante el ejército imperial japonés se convierte en el ejército nazi y los soldados chinos en judíos, que pronto serán ejecutados.
Al ver esta impresionante y aterradora obra nos vienen a la mente películas como ‘La lista de Schindler’, con la que tiene en común su extraordinaria fotografía y su crudeza a la hora de contar el relato. O como ‘Salvar al Soldado Ryan’, con la que tiene en común el honor y la lucha por la supervivencia.
Todavía oigo retumbar los tambores mientras que los soldados japoneses bailan al compás, la danza de la muerte. Y todavía visualizo la inmensa ola de cadáveres que arrastró la ciudad de Nanjing. ¡Espeluznante!.
Lo mejor: Su crudeza a la hora de contar el relato.
Lo peor: Que se la pierda.
