Incendies comienza con la lectura de un testamento, donde dos gemelos, Jeanne y Simon, descubrirán muchas cosas, entre ellas, que su padre sigue vivo y que tienen un hermano. Con inteligencia, Villeneuve sitúa esta secuencia como la inicial, ya que a partir de ella nacerán dos hilos narrativos paralelos y muy relacionados: uno hacia el pasado, mostrando la vida de su madre; otro en el presente, con las indagaciones llevadas a cabo por la hermana y el hermano en Líbano. Esta estructura del relato es perfecta, pertinente y bien resuelta, un ejemplo de fluidez y de rigor en el esquema del puzzle.
Pero la peli tiene otras muchas virtudes. Una de las principales, la fenomenal utilización de la cámara fija y en movimiento. El director da una verdadera lección magistral de cómo colocar la cámara: la mayoría de los planos de la película son fijos, y están encuadrados de la mejor manera posible. Hacía tiempo que no veía un talento tan grande con la ubicación de la mirada. Y cuando los planos fijos se mueven en panorámica siempre tienen un sentido. Lo mismo que se puede decir de los escasísimos travellings que hay, y que tienen una justificación narrativa absoluta y completamente genial (el cruce de un puente que supone el cruce a otra vida, la bajada de las escaleras que desemboca en otro momento crucial). En mi opinión, brillante como poco.
Y encontramos una descripción cruda pero en absoluto maniquea (esos planos fijos y estáticos no son gratuitos) de las atrocidades a las que conduce cualquier guerra (y más en aquellas que sestean peligrosamente con las religiones o las identidades culturales). Todo está medido, todo está dosificado, pero la tensión permanece, y cada episodio es un puñetazo más a las conciencias. Y encima con una gestión de la sorpresa ejemplar, desvelando poco a poco los misterios sobre los que se edifica la trama.
Sé que nadie me va a hacer ni puto caso, pero recomiendo encarecidamente a todo el mundo que vea Incendies. Puede que les guste, puede que no tanto, pero todos sacarán algo: emociones, una historia sobrecogedora, actuaciones muy competentes, una realización sencillamente acojonante. En definitiva, un verdadero peliculón.
