Como un Gin-Tonic, que con cierta acidez y amargor en su interior, pero que en el fondo te deja una agradable sensación en el paladar y en la mente, así es esta película y como un Gin-Tonic debe tomarse, saboreándola, paladeándola, sin prisas, disfrutándola, tomándonos nuestro tiempo, percibiendo sus matices.
Hay que reconocer que esta bastante lograda en todos sus aspectos: localizaciones, los diálogos entre los dos protagonistas, fotografía, vestuario, y esa banda sonora compuesta por una selección de exquisita música clásica. Geoffrey Rush está soberbio, aportando gran humanidad y sencillez al relato, consiguiendo sacar al espectador más de una sonrisa en cada intervención suya.
Obligación, frustración, miedo, orgullo, esfuerzo, superación y amistad son los temas por los que pasa el protagonista.
En resumen: largometraje bastante recomendable.
Lo mejor: El secundario de lujo Geoffrey Rush, la fotografía y la Banda Sonora.
