Nada que objetar a la proeza del hombre enfrentado a los rigores de la naturaleza. No hay argumentos que rebajen la audacia y el ingenio a la hora de salvar el pellejo, pero si se registra ese coraje en fotogramas hay que saber administrar el suspense. Boyle se estrella en la roca fatídica y se dedica durante hora y algo a filmar la historia de un brazo y de su truculento sacrificio. La historia real del alpinista Aron Ralston, atrapado en una grieta de un cañón, es cine legítimo: lo que deslegitima la obra de Boyle y la reduce a una extravagancia semidocumental es la esencia misma del relato: su esclavitud paisajística, su previsibilidad narrativa. Y eso a pesar de que el director, consciente de la cortedad de su proyecto, del reducido alcance de su puesta en escena, se obstine en mover una cámara subjetiva y filme con empeño casi cinegético la travesía del dolor de un hombre, ya decimos, abocado a morir y resueltamente rescatado por ese coraje primario al que Boyle concede todos sus recursos como director.
Coincido con el propio comentario de Boyle acerca de su película: venía a decir que sin James Franco, al que iguala a Pacino o De Niro, la cinta sería una mierda. Literalmente. Yo no llego a tanto: hay en su hora y media momentos líricos (los primeros quince minutos son buen cine y hacen albergar esperanzas) y hay escabrosas soluciones que nada aportan al lucimiento de la trama ni a la creatividad del que la dirige (la realidad evocada, la minimalista – y bochornosa – puesta en escena al más puro estilo National Geographic) Pero Boyle se despeña igual que su protagonista: se queda atrapado en una pedrusco cinematográfico que, sin ser horroroso, sin caer en la vergüenza, la bordea, se sitúa en un límite y pide a gritos que el brazo se pudra en la grieta y el pobre Ralston cuente al mundo su hazaña. Contada está. A hacer caja, vamos.
Lo mejor: James Franco, que no es Pacino ni del Niro, por mucho que quiera Boyle, pero démosle tiempo al muchacho...
Lo peor: La pinta mtv awards, la pinta Oscar guay porque yo me lo merezco y soy el tío más cojonudo del orbe
