Una serie de activistas al más puro estilo James Bond, intentarán captar la realidad que se vive a diario en Taiji, en su contra tendrán a los irascibles pescadores de la localidad y a la temible policía japonesa, una película de acción que se sitúa en el plano de la realidad. Los activistas tendrán que burlar la opresiva vigilancia a la que se ven sometidos para a través de cámaras y micrófonos submarinos y otras cámaras ocultas en rocas artificiales conseguir transmitir al mundo lo que ocurre en esa dichosa cala.
El documental no tiene desperdicio, consigue atrapar e interesar al espectador –muchos realizadores y guionistas de documentales deberían tomar nota–, nos enseña una realidad que seguro a nadie dejará indiferente, una realidad de la que el propio gobierno japonés parece no querer saber nada –la venta de carne nociva de delfín alegando que es de ballena bien pudiera ser objeto de Pulitzer en otras circunstancias–, en definitiva, un documental de los que hacen reflexionar.
El hilo narrativo no desmerece con una trama con potentes escenas de suspense, la acción decae en su parte central, pero rápidamente recupera el buen sendero presentándonos un final apoteósico, sólo queda esperar que este tremendo documento audiovisual no quede silenciado, pues de su difusión depende la vida de miles de inocentes delfines.
Lo mejor: Su hilo narrativo y su gran capacidad de denuncia.
Lo peor: Una pequeña parte central que no tiene el nivel del resto.
