La nueva versión respeta la historia original y la dota de los grandiosos efectos especiales que los medios técnicos permiten hoy en día. Una buena historia, tomas aéreas espectaculares, efectos especiales a la altura de las circunstancias y un reparto con caras conocidas como Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates y John Cleese. La cosa pinta bien. Hasta aquí lo positivo. Lo negativo es que le falta emoción, tensión ,garra, alma, ritmo,…dando así un resultado frío y soso. El joven director demuestra un gran conocimiento de la tecnología digital y la técnica en general, pero a la hora de extraer emoción de los actores, de narrar la historia de modo coherente y de darle identidad propia a la película, se encuentra más perdido que un pulpo en un andamio.
Este es un defecto que se ve en muchos nuevos directores a los que asignan producciones de gran envergadura sin tener apenas experiencia, ni en el cine ni en la vida en general, pues son gente muy joven. Pero el cine no consiste sólo en aprender técnica cinematográfica en una escuela, también es necesario tener una perspectiva externa al medio, para poder aportar algo personal al producto. Los grandes maestros habían trabajado y vivido totalmente ajenos al medio antes de dirigir películas, y su visión particular enriquecía las películas que dirigían. Para que una película sea buena no basta con que tenga una factura y un acabado técnico impecables, también es necesario que tenga alma, que de alguna manera se haga notar el sello del autor, que los personajes transmitan emociones, que la atmósfera de la película envuelva al espectador.
En definitiva es una lástima que con los medios técnicos, artísticos y conceptuales que baraja la película no se les haya sacado más partido, porque desde luego se le podía haber sacado más, mucho más.
Lo mejor: Los efectos especiales
Lo peor: La dirección
