Cuando se estrenó Iron Man hace un año escaso, su éxito fue tal que en pocos días se confirmó la segunda parte de la película. Descubrieron que habían dado en el clavo con lo que se necesitaba para dar una pequeña vuelta de tuerca al mundo de las películas basadas en cómics y que habían acertado de pleno con el actor que estaría al cargo de esa vuelta de tuerca. Así que, ¿por qué cambiar? Añadimos alguna estrella más, más golpes, más acción, ese trasfondo que pretende aportar algo de crítica política y social, y ya tenemos otro taquillazo asegurado.
Y así ha sido. Iron Man 2 nos da lo que pedimos: una película entretenida para poder llenarnos bien de palomitas mientras la vemos. A ritmo de AC/DC, que no está nada mal, Tony Stark tiene que volver a salvar el mundo y salvarse a sí mismo de la autodestrucción. Y mientras, para el público masculino tenemos a una Scarlett Johansson con el traje más ceñido que se podía imaginar uno repartiendo entre el personal patadas voladoras y giros mortales. Simplemente, un regalo para la vista para quien guste.
Bastante entretenida, conserva su mejor virtud: un Robert Downey Jr. que todo lo que toca lo convierte en oro (y esperemos que siga siendo así durante mucho más tiempo para alegría de los fans del cine). En esta ocasión está acompañado por Mickey Rouke y Sam Rockwell como la pareja de malos malísimos, el cuerpo y el cerebro (aunque en realidad uno es el malo que podría dar miedo y el otro el malo del que nos reímos), buenos actores para dar réplicas de calidad.
Es verdad que se ha vuelto una de superhéroes normal y corriente, pero es lo que tiene el éxito, que transforma a la gente y a las películas. ¿Habrá más Iron Man? Quién sabe, aquí puede haber carrete para rato. Mientras el público responda, y lo seguirá haciendo, ¿por qué no?
