Todas las historias sobre la manera en la que la luna llena afecta a las personas tienen un origen: La propia luna. Nuestro misterioso satélite no tiene mucho que envidiar a Marte a la hora de atrapar el alma de un ser humano. En Moon tiene lugar una intensa lucha psicológica: Es el hombre contra el futurismo en una batalla a muerte en el coliseo de la luna.
El reparto se podría resumir en un solo actor. Con su interpretación, Sam Rockwell atornilla una placa dorada en su carrera asumiendo el rol de un astronauta que lleva 3 años trabajando en la luna. Para acompañarle o alimentar su paranoia está el robot GERTY, relleno de toda la personalidad que puede aportar la voz del genial Kevin Spacey.
Al igual que el cuerpo, la mente humana tiene sus límites en cuanto a la experimentación e ir hacia el infinito y más allá. Es ese juicio moral sobre nuestros límites extraterrestres lo que nos hace mirar al astronauta Sam Bell como un mecánico lunar caminando sobre una tierra embrujada, mística e inexplorada, a punto de caer en la agonía de su soledad universal.
Un film de este corte ‘indie’ y a veces psicodélico es obra del hijo de David Bowie, Duncan Jones. Su película debut sigue la estela de su camaleónico padre, pero con mucho menos ‘glam-rock’ en su ejecución. Aunque bebe de películas ochentenas futuristas, el film no cruza en ningún momento la línea hacia lo extravagante y excesos en luz y colorido. Es más, si la cinta de la película hubiera sido vestida de blanco y negro habríamos visto una luna igual de exhuberante.
