Coraline (no Caroline) es una niña hija única que acaba de mudarse con sus padres a una casa enorme, un tanto tenebrosa y con unos vecinos bastante peculiares. Se aburre como una ostra. Buscando ventanas y puertas en la casa enorme, encunetra una pequeña puertecita que sólo se abre en determinadas ocasiones. Al otro lado se encuentra un mundo que, aparentemente, es todo amor, diversión y felicidad. Pero sólo aparentemente. Esos seres que parecen los dobles de sus padres y de sus vecinos se diferencian de los reales en algo más que en que en vez de ojos tienen botones. Pero lo descubrirá demasiado tarde.

El director de Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick) vuelve al cine de animación con una película que, como en aquella ocasión, se encuentra a medio camino entre la animación infantil y la de adultos, a medio camino de géneros, a un paso del terror y completamente dentro de la fantasía. Los mundos de Coraline no es una película apta para niños, al menos para niños pequeños. Ese mundo al otro lado del pasadizo agobiante y aplastante termina por recrear muchas de las pesadillas que nos pueden perseguir cuando dormimos. Coraline se enfrentará a sus deseos convertidos en realidad en un mundo alternativo en el que pronto se dará cuenta de que no es tan divertido vivir.

Una música envolvente, una animación llena de fantasía, color y con el toque que le aporta el 3D, unos personajes caricaturescos y con entidad propia. Fantasía pura lindando con el cine de terror que convierte a Coraline en una película especial, ese mundo aparte y en otro nivel que llamamos cine.

Lo mejor: La música y la animación, llena de fantasía y color
Lo peor: Demasiado oscura para el público infantil
publicado por Natalia Marcos el 1 diciembre, 2009

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