La película empieza con el uso del split screen, una técnica narrativa que usa Hal Ashby (antes de ser director) en el montaje junto con Ralph E. Winters, A.C.E. y Byron Brandt, consistente en dividir encuadres en dos o más partes en la pantalla, utilizada para las letras de crédito y para explicar el relato del robo con diferentes acciones paralelas. Thomas Crown concreta con varios tipos, quedando uno a uno en una habitación de un hotel con un foco dándoles en la cara para que no sepan quién es, dándoles una orden que deben decidir si aceptarla o no, adelántandoles parte del dinero que pueden conseguir si acaba con éxito el cometido. Al final, los 2.600.000 de dólares conseguidos con el robo los depositará en un banco suizo, al que dará un nombre en clave y un número. Toda esta parte está bien llevada sobre todo por cierto misterio que desprende el personaje de Thomas Crown, aunque la técnica del split screen se vuelva a usar otra vez en escenas posteriores, como en la que vemos al señor Crown jugando al polo, algo que repercute para mal en la película. Cuando aparece en escena la señora Vicky Anderson, uniéndose al teniente Eddie Malone de la brigada criminal, bien interpretado por Paul Burke, la trama adquiere un mayor interés por ser un personaje inteligente y bien construido, aparte de contar con la presencia de la espléndida Faye Dunaway, tan brillante como estaba el año anterior en Bonnie and Clyde, de Arthur Penn. El encuentro y la relación entre su personaje y el de McQueen será vital para la película, consiguiendo una gran química entre ambos, como la que seguramente es la escena más sensual y erótica de una partida de ajedrez que se haya visto en la historia del cine.
Norman Jewison ya había trabajado en 1965 con Steve McQueen en El rey del juego, interpretando este a un buen jugador de póker, una película en la que sólo destaca su partida contra el personaje de Edward G. Robinson, pero en la que hay una similitud con el papel que tenía McQueen en La gran evasión (1962) o justamente con el de la película que aquí acontece; personajes que se sienten seguros de sí mismos y que siempre parecen que hagan las cosas como si fuera un simple juego, salgan bien o no, algo que quizás se da por la manera de estar en la pantalla del señor McQueen, porque, sin ser realmente un muy buen actor, su presencia es bastante carismática y logra que sus personajes mejoren en parte la calidad de las historias. Es verdad que en El caso de Thomas Crown su personaje es un millonario bastante listo, graduado en Ciencias Económicas, pero es que sus miradas y sus silencios con el personaje de Dunaway son sin duda lo más conseguido de la película, con una atracción mutua que el espectador verá con buenos ojos.
Lo mejor: La química entre Steve McQueen y Faye Dunaway
Lo peor: La demasiada utilización en el montaje de la técnica que consiste en dividir diferentes encuadres en varias partes en la pantalla
