Michael Mann a pesar de la pasión que despierta en mí tiene a veces determinados comportamientos esquizofrénicos con la cámara. Es un cineasta poco amigo de usar encuadres tradicionales o mantener planos fijos. Eso en algunas ocasiones da resultados grotescos o mareantes como sucedía en la también brillante El Dilema pero en esta ocasión consigue contener su manía para hilar una magnífica película de género con buen guión, excelentes interpretaciones y un ritmo maravilloso que sólo se puede acusar de tener un metraje demasiado extenso (cuestión que podríamos aplicar a la inmensa mayoría de sus títulos).
Y su mayor acierto es que no es sólo una película de gansters, es un drama épico y un enfrentamiento entre dos personajes que marcaron una época en lo que a delincuencia y ley y orden se refiere: John Dillinger, el atracador más famoso de la época y el afamado Melvin Purvis, defensor de las nuevas técnicas para combatir criminales y recién ascendido al mando de la zona de Chicago. Dillinger era un ladrón “simpático” que a pesar de haber destripado los mayores bancos de medio estados Unidos contaba con un cierto apoyo popular debido a su encanto personal, cosa que sabe aprovechar Mann en su guión con diálogos interesantes y atractivos.
La cinta no puede empezar mejor, en los primeros minutos tenemos una fuga, varios tiroteos y un atraco. ¿Seguirá así toda la película? Básicamente sí, aunque se permite el lujo de hacer parada y sosta en la vida sentimental del gángster de forma fugaz pero contundente definiendo así todos los aspectos del prometedor y descarado personaje de Dillinger tan apuesto y correcto como el de su némesis policial.
Tras una preponderancia de la vida gansteril la segunda mitad equilibra la balanza dotando a Bale de un protagonismo inusitado y dándole rienda suelta para robar algún plano a pesar de la seriedad y simpleza aparente de su personaje.
Es muy posible que este año Mann consiga un buen puñado de nominaciones por esta fantástica película. Todas ellas ya sean técnicas (estupenda fotografía , aunque quizás no tanto el sonido), artísticas (asombrosa la resurrección interpretativa de secundarios como Stephen Dorff que hacía tiempo no tenían un papel medianamente interesante o Marion Cotillard que consigue encandilar) o meramente cinematográfico (guión, dirección, película, ya me entienden) serán merecidas.
Muy aconsejable.
Lo mejor: Los impagables momentos del cine miren a su izquierda, miren a su derecha y la incursión en la comisaría.
Lo peor: El estilo de Mann, cámara esquizofrénica está presente toda la cinta, si no les gusta
