Y nunca pensé que lo diría, pero me aburrí soberanamente de ver senos, culos, “pastis” y rayas de coca que se suceden en la pantalla sin ninguna intención durante cerca de dos eternas horas. En el reparto encontramos un poco de todo: actores mediocres, pasables y alguna joven promesa que intenta dar profundidad, sin resultado, a unos personajes de cartón piedra. No debemos olvidar la gran labor en el guión de Alfonso Albacete, David Menkes y Ángeles González-Sinde –actual Ministra de Cultura– que, sin proponérselo, consiguen realizar una película sin historia que se debe de servir de constantes desnudos para hacerse más llevadera. Los continuos polvos –en todos los sentidos– se convierten en el eje central de la película siendo esta un parangón de escenas de sexo acompañadas por unos diálogos y situaciones que no vale la pena mencionar. Lo peor de todo es la moralina que nos venden al final, queriendo dar profundidad y sentido a una película que nunca tuvo un atisbo de tensión dramática.
Al final encontramos una película sin trama donde su máximo atractivo reside en el tirón mediático de algunos de los actores en el público adolescente español; a parte de esto, tenemos a la perfecta candidata, con muchos puntos para ser ganadora, para alzarse con el dudoso premio de peor película española del año. Alfonso Albacete y David Menkes nos intentan colar, de una forma atropellada y desastrosa, una mentira bien gorda.
Lo mejor: Algunos actores que intentan dar vida -sin conseguirlo- a unos personajes planos.
Lo peor: La película en sí.
