Ángeles y Demonios se sitúa, cronológicamente, antes de lo sucedido en El código da Vinci, ambas obras escritas por Dan Brown y dirigidas, ambas también, por Ron "pelo zanahorio" Howard. La historia se centra, esta vez, en Roma, concretamente en la ciudad del Vaticano. Robert Langdon tendrá que investigar sobre los Illuminati, que poseen la antimateria capaz de destruir toda la ciudad del Vaticano. La película se convierte en una carrera contrarreloj en la que no hay ni un solo respiro, para bien o para mal, para el espectador. La historia va in crescendo a medida que avanza el metraje, siendo la primera hora algo aburrida, pero culminando en una segunda hora bastante notable, y en una media hora final que es bastante espectacular y desconcertante.
Los actores, mal que me pese, no dan todo lo que se espera de ellos. Tom Hanks mejora su personaje en cuanto al Código, pero sigue siendo igual de plano y superficial que entonces, no sé si es culpa suya o de guión. El personaje femenino es totalmente innecesario, no aporta nada, y la actriz mucho menos. En cuanto a Ewan McGregor decir que está a la altura, quizás es el mejor personaje del film, como de la anterior fueron Ian McKellen o Alfred Molina.
Y ya que hablamos de comparaciones, y aunque éstas sean odiosas, decir que me gustó más El código da Vinci, quizás por la historia y el revuelo que se montó, o porque es una película que te atrapa desde el primer momento y a la precuela le cuesta arrancar avanzada la media hora de metraje. Ángeles y Demonios me ha gustado, más de lo que esperaba, creo que no decepcionará a nadie, pero requiere de nuestra paciencia y de nuestra benevolencia a la hora de analizarla. Un thriller de los que enganchan, trepidante, con intriga y además se mete con la Iglesia, y eso mola.
Ángeles y Demonios es, por tanto, una película para disfrutar en el momento, para dejarse llevar por la historia durante casi tres horas que se pasan volando. Hay un buen argumento, unos buenos personajes y una banda sonora soberbia del siempre grande Hans Zimmer. Pero nada más, no pretendan ir a ver El padrino cada vez que se dignan a pasar por el cine. Las películas están concebidas para entretener, y ésta, como dije al principio, lo consigue con creces.
Lo mejor: La historia, los personajes secundarios y la caña que se le da, una vez más, a la Iglesia.
Lo peor: Los papeles protagonistas son algo planos, y la historia, al principio, algo aburrida y confusa
