Es de la clase de películas que se realizaban en los comienzos de los setenta, con personajes que no eran héroes precísamente, y que eran al mismo tiempo buenos y malos. Films de personajes ambiguos, de mucho calado psicológico, que se movían entre la frontera del bien y del mal, actuando según su particular códido de conducta y siempre con el primigenio sentimiento de supervivencia en un mundo duro e inclemente, al que debían día tras día conquistar.
Tiene un buen punto de partida y da la impresion al comienzo que se deslizará en unos felices terrenos donde el clasicismo y el cine moderno de comienzos de la década de los setenta se entremezclarán con fortuna. Sin embargo, a esta cinta le falta lo principal: un buen guión. El que nos ocupa está lleno de fallos y el intento, digo yo, de desmitificación del género rey, queda en banal e insuficiente.
La realización, de James Frawley, que alguna que otra vez sí consiguió convencer, es plana, desaprovechando el buen material que tiene en las manos: fotografía, actores…
Una pena, pero finalmente creo con sinceridad que no merece la pena más allá de ver a Dennis Hopper en uno de sus más bien pocos pero curiosos papeles protagonistas.
Muy bien Warren Oates y Ben Johnson, siempre por encima de sus personajes y del guión con el que deben lidiar.
Lo mejor: Warren Oates y Ben Johnson.
Lo peor: Se desaprovecha el buen material que existe.
