Secuela de House: Una casa alucinante (1986), aunque se utilice la misma formula pero con más ingredientes no consigue superar a la primera. El director Ethan Wiley (Los chicos del maíz V, El exorcismo de Isabella y Brutal) quiso realizar una historia llena de aventuras y fantasía, pero los 88 minutos que dura la película son muy pocos para querer contar tanta cosa. El resultado es un montón de escenas y situaciones variopintas sin apenas conexión entre ellas.
En está nueva historia, Jesse, acompañado por su novia y su amigo Charlie, llega a la gran mansión que acaba de heredar de su familia. Atraído por el álbum de fotos familiar, empieza a investigar la historia de sus antepasados y descubre que su tatarabuelo fue un famoso bandido del oeste que robó una misteriosa calavera de cristal a la que se atribuyen poderes mágicos y que fue enterrada con él. Tras encontrar la tumba de su antepasado, los jóvenes deciden desenterrarle para encontrar la calavera.
Quien durante su juventud visualizara esta película y guarde actualmente un buen recuerdo de ella, se le recomienda no volver a verla. Es mejor mantener el recuerdo que sufrir 88 minutos de escenas sin sentido, chistes malos y efectos especiales desaprovechados. Se puede decir que se intenta homenajear a las películas clásicas de aventuras, pero eso sería excusar la película. De todas formas hay algunas situaciones divertidas y la idea de querer mezclar dinosaurios, laberínticos templos Maya y el salvaje Oeste es admirable, pero eso sí, con algo más de calidad.
La Frase: Tengo prisa, es el cumpleaños de mi hijo
La Escena: Bill, el electricista aventurero
