Por desgracia aunque la impecable factura de la cinta no tiene nada que envidiar a su predecesora su sentido del humor es bastante más escaso en esta nueva entrega. Más infantiloide y autocomplaciente con los valores tradicionales: la amistad, la entrega, la camaradería, la familia, los orígenes y demás la simpleza de su narración hace que se haga demasiado soporífera en algunos tramos.
Los simpáticos fugados del zoo de Nueva York están donde les dejamos. Atrapados en Madagascar con deseos irrefrenables de abandonar territorio hostil, para ello fletan un avión que obviamente no llega más que a medio camino, dejándoles justo en medio de la sabana africana. Allí conocerán el entrono del que fueron privados y se enfrentarán con sus miedos y necesidades. La familia para uno, el sentimiento de no ser único para otro, el amor, e incluso el reconocimiento para el miembro más débil del grupo.
Con chascarrillos protagonizados por los personajes que más cariño consiguieron del público en su anterior entrega y canciones pegadizas que tampoco vienen muy a cuento completan el estándar de hora y media de cine infantil navideño.
Aprobado justito para los más pequeños y un pequeño fiasco para sus progenitores.
Lo mejor: La perfección visual y el diseño cuidado de la producción.
Lo peor: lo insoportable de las historias que se empeñan en meter con calzador y los guiños americanos.
