Pero dejando de lado esa mala suerte, también hay que ser un poco zopenco para coger lo que iba a ser un drama sobre un superhéroe alcohólico dirigido por Michael Mann y pretender convertirlo en una comedia de gracias dirigida por Peter Berg, un director correcto pero muy lejos de la brillantez y la capacidad de Mann.
El resultado, salvo algún momento puntual y alguna idea acertada, dista mucho de lo deseado y se queda muy lejos de lo que la premisa argumental prometía. La idea de la soledad del héroe alcoholizado o la de su particular punto débil son buenas pero no están aprovechadas porque, para hacerlo, deberían cambiar el tono del film y hacer cine serio en lugar de cine ligerito y adecuado para el verano.
La verdad es que la taquilla parece darles la razón pero para mí esa forma de hacer cine no tiene mucho sentido y el resultado final se queda a medias. Ni ofrece un drama creíble, ni me troncho de la risa, ni veo un espectáculo que me quite la respiración como sería de esperar de una película con ese presupuesto y esas intenciones.
Dicen que una película vale lo que vale su villano y, si yo creyese a pies juntillas en ese dicho, tendría que decir que esta película es muy cutre porque difícilmente encontraremos, en el cine moderno de superhéroes, uno que se enfrente a enemigos tan penosos. No es de extrañar que, con tan pobres antagonistas, el clímax final resulte realmente decepcionante.
Sólo salvan a la película de la quema la personalidad de Will Smith y Charlize Theron, la perturbadora belleza de ésta y la corta duración (no llega a la hora y media) que impide el aburrimiento. Esperemos que cunda el ejemplo de “El caballero oscuro” y los productores de Hollywood entiendan que la mejor forma de triunfar es darle un buen guión a un buen director y hacer que todos se tomen en serio lo que están haciendo.
Valoración final: 4,5 sobre 10
