IILa inminencia del pánico es más explotable que el pánico mismo. El erotismo es más provocador que la pornografía. El film de D.J.Caruso quintaesencia las virtudes del género y lo hace desde un primoroso sentido del thriller como espectáculo. Sin escamotear clichés sobradamente testados, Caruso añade un punto de ciencia-ficción del siglo XXI que, al final del metraje, obliga a reconsiderar todo lo que hasta ese momento hemos visto. Y no es asunto de esta reseñar destripar el final, que homenajea a Hitchcock y a Kubrick a partes iguales. Se pierde en la montaña rusa que los acontecimientos van construyendo. Y ahí, en ese vértigo literario, este cronista de sus vicios se pierde un poco, se siente perjudicado por la querencia de ciertos directores a acelerarlo todo al punto de que la acción, de algún modo, desquicia la trama, la pervierte, la quema. Los vaivenes no llegan a confundirnos (no estamos ante un prodigio de argmento ni mucho menos) pero lastran en demasía el seguimiento. Por otro lado, el argumento (en realidad todo este tipo de argumentos) requieren del espectador cierta complicidad. Hay aquí códigos de muy farragosa descompresión. Quien no quiera entrar, no se lo van a poner fácil. El que está al tanto de estos temas (paranoias colectivas, televigilancia, monitorización de la vida doméstica, conspiraciones varias) va a disfrutar, aunque a mí me resultó (al final) cansina la tremebunda acción, su indisimulada vocación de blockbuster
Lo mejor: El estruendo, la metralla, el sentimiento de que el mundo se acaba en un e-mail...
Lo peor: El estruendo, la metralla, el sentimiento de que el mundo se acaba en un e-mail...
