Confieso que las películas de este realizador siempre me han fascinado: el hecho de tocar tangencialmente, con una fría distancia, temas tan ásperos como la sociopatía o la soledad me parece algo arriesgadamente magistral dentro de un maltrecho panorama cinematográfico internacional. También me confieso un devoto admirador de "La soledad" y aún mucho más de "Las horas del día", dos fascinantes experimentos cinematográficos que han llegado a buen puerto para convertirse en dos de las apuestas más interesantes del reciente cine español. Por eso, cuando supe del nuevo proyecto de Rosales, girando en torno a la controversia del terrorismo, realmente me pareció fascinante. Pero, mi gozo en un pozo: lo que en otros ámbitos podía resultar revelador para los personajes, intrínsecamente fascinante al mostrar la trivialidad de la realidad, magnificada por situaciones supuestamente aburridas, aunque cruciales a la hora de mostrar las motivaciones y el background de los personajes -y de esto Tarantino sabe lo suyo, verbigracia de "Like a Virgin" de Madonna, del Cuarto de Libra con queso (o Royal con queso) o de la personalidad secreta de Supermán-. Pero en esta ocasión, esa presunta "indiferencia" o "distancia" se torna un lastre considerable, al estirar muchas de las secuencias que no aportan absolutamente nada a los personajes que paulatinamente vamos descubriendo. No se dice una sola palabra a lo largo de toda la película -o si se dice, prácticamente resulta ininteligible por la superposición de ruidos o sonidos ambiente-. Perdón, si que se dice UNA PALABRA en Euskera: txakurra (es decir, "Perro" en español). Lejos de entrar en la polémica de si se toma o no partido con el problema del terrorismo, el problema de "Tiro en la cabeza" es que la narrativa y fórmula que tan bien se ha aplicado en los dos anteriores filmes de este director, ahora no se hace bien; todo resulta insoportablemente aburrido, sin sentido, mal hilado y menos asequible -no ya para el gran público, sino para cualquier tipo de espectador que no caiga en la pedantería snob de ensalzar lo injustificadamente insoportable-. Un despropósito; a lo mejor el que considerábamos un genio, no resulta ser otra cosa que otro farsante dentro de agonizante panorama cinematográfico español.

Lo mejor: La fotografía y el montaje, siempre esplendorosos en sus películas.
Lo peor: La comprensión de la historia (en todos los sentidos).
publicado por Federico Casado Reina el 12 octubre, 2008

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