Con poso de amargura parecido al que sirvió de simiente a títulos como Grand Canyon y Crash, la ópera prima del cineasta de origen asiático Jieho Lee, además de estar envuelta por una (recargada) atmósfera pesimista, resulta desigual, puntiaguda y hasta cierto punto escabrosa. A pesar de ello, la historia de El aire que respiro (su original es The air I breathe), tiene todos los ingredientes para gustar, incomodar y resultar amable a la vez. Cuenta con un numeroso y conocidísimo reparto y en este primer aspecto nos detenemos: Forest Whitaker, Kevin Bacon, Sarah Michelle Gellar, Brendan Fraser, Julie Delpy, Andy García… Y esto no da para pensar que la película, en términos de producción, no es más que la excusa para que grandes estrellas pongan en su curriculum que han trabajado en cintas más modestas que en las superproducciones a las que nos tienen acostumbrados. La aburrida y previsible trama está dividida en episodios, se presenta cargada de filosofía un tanto al uso, por no decir barata, y tira de proverbio chinos, el que divide la vida en cuatro emociones: felicidad, placer, dolor y amor. Conste que eso no nos parece filosofía barata, pero lo que subyace en esta película del montón sí.
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