Esto es como la primavera, el verano, el invierno, siempre está ahí, y es que cada vez que una de estas comedias románticas aparecen por la cartelera, a mi me toca coger a mi novia del brazo, poner cara de "novio consorte" y pagar la entrada por verla, a esta añadamos además mi animadversión hacia Lindsay Lohan (a la que no puedo ver ni en pintura), y que en el cine debían de pensar que éramos familia de los pingüinos, bajando el aire acondicionado hasta la congelación más bestial, de ahí que acabamos casi castañeando los dientes y tapados con lo que buenamente teníamos a mano, de hecho a la salida y con el calor reinante de las tardes madrileñas preferiamos estar en la calle que en el cine…
¿La película? Mala como todas, nada más que añadir.
