Este joven director se estrenó con una obra tan difícil como "Orgullo y prejuicio", y consiguió unos resultados más que notables. Un buen pulso narrativo, una puesta en escena sorprendente y un buen gusto para dirigir a actores sacándoles lo mejor daba la pista de un realizador que había que seguir con interés.
Y en esta nueva incursión en el cine de época no decepciona, sino que además da una vuelta de tuerca con más presupuesto. Es increíble cómo un director puede sacar lo mejor no sólo de una hechizante niña como Saroise Ronan, sino de dos actores más bien flojillos como Knightley y McAvoy.
Una historia de amor interrumpida por una injustificable y pueril maldad y los intentos por recomponerla son los motivos por los que esta película atrapa desde el primer momento. Un drama de amor joven y separación.
El genial pulso de Wright nos conduce por batallas y un destino, el de los protagonistas, machacado por una decisión del pasado. A lo largo de la película vemos fragmentos de una historia de dolor extendida en el tiempo; la madurez y el arrepentimiento otorgan a la historia de amor una nueva dimensión.
Como en su primera incursión la inclusión musical de Marianelli fue acertadísima, en este nuevo film se ha contado con su presencia, una vez más con mucha clase y gran clasicismo.
Una preciosa película con una estructura sorprendente y con una parte final emotiva e inesperada. Ideal para momentos románticos.
