Sólo por lo que ha tenido que luchar para ver su obra finalmente estrenada, y por su gran dedicación a la promoción de la misma, hay que aplaudir a Nacho Vigalondo. Los Cronocrímenes es un thriller del que poco se puede decir para no destripar nada del argumento, aunque sí hay que señalar su hábil mezcla de elementos propios del cine de género con otros de la ciencia-ficción, aderezados por el particular humor de Vigalondo. Un Nacho Vigalondo que ha sabido construir un guión inteligente, denso y enrevesado, que conduce al espectador por los caminos más insospechados e inesperados. Y Vigalondo consigue con habilidad y oficio, a pesar de ser sólo su primer largometraje y de la falta de medios, que el ritmo no decaiga, creando en todo momento una atmósfera inquietante que mantiene al espectador en una alerta constante. Una de las principales virtudes del Vigalondo director es que ha logrado algo casi imposible: narra de forma lineal y sencilla una historia de viajes en el tiempo: el público va conociendo los detalles de la trama al mismo tiempo que su protagonista. Evidentemente, Vigalondo incurre en algunos errores de debutante, además de los fallos provocados por la escasez de medios. Sin embargo, el principal pero que se le puede poner a Nacho Vigalondo es que como actor desentona clamorosamente.
Los Cronocrímenes es un inteligente y habilidoso thriller de ciencia-ficción que vuelve a demostrar una vez más la buena salud que vive el cine de género en nuestro país. Buen cine de entretenimiento que no obstante, como la mayoría de obras de ciencia-ficción, deja una puerta abierta a una reflexión más profunda.
