Ver Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal es como escuchar un disco de caras bés de los Rolling Stones de hoy: rancio.
La media hora inicial es abrumadora, ejemplar, un jodido clímax que deja en pañales a todos (A TODOS) los que pretenden hacer cine de acción y/o aventuras en pleno siglo XXI y que nos deja exhaustos y boquiabiertos, preparándonos para una obra excepcional, para una superaventura tan enorme… que nunca llega.
El hilo argumental es… buff… el personaje de Shia (gran, gran aparición a lo Brando) le cuenta una historia al Dr.Jones, se escapan en una moto… y ya están en algún lugar del mundo dispuestos a vivir un aventurón. Cate Blanchett pasaba por ahí con un florete y John Hurt con un poncho y para completar el casting resucitamos a Karen Allen. El primer plano de la peli es de un castor (o lo que sea) de dibujicos, como los de Alvin y las ardillas, ¿vale? y el resto es un trilogy reloaded de todo lo que ya habíamos visto antes y pasamos de la pelea con el nazi en la pista de aterrizaje de la primera peli a las cascadas en lanchita de la segunda. Por ejemplo.
Lo peor de todo es que no hay tanta diferencia entre el trailer de La Momia 3 y la última de Spielberg.¿Por qué no ha empleado la madurez de Munich (por ejemplo) en la nueva aventura de Indiana?
George Lucas sigue siendo un granito en el culo y dudo mucho (muchísimo) que el guión de Frank Darabont fuera tan… así.
Aguantará en el recuerdo por, insisto, treinta minutos de puro PULP. El resto, poca cosa.
