Posee un notable regusto a producto ya visto, a guión añejo por no decir rancio en una película que, por desgracia, carece totalmente de solera, y donde la química entre sus parejas brilla por su ausencia.
George Gallo dirige a Antonio Banderas, Meg Ryan, Colin Hanks, Selma Blair, Thomas Joseph Adams, Tom Adams, Aki Avni y Austin Barton en My mom’s new boyfriend, que llegará aquí bajo el título de Mi novio es un ladrón.
Al joven agente federal Henry se le asigna un nuevo caso: seguir los pasos de Tommy, un refinado ladrón de arte que está planeando un nuevo robo. Las cosas se complican cuando Henry descubre que Tommy es el nuevo novio de su alocada madre Marty, por lo que la misión de Henry se volverá un tanto incómoda.
En esta ocasión es el malagueño Antonio Banderas la pareja de baile para la nueva aventura romántica de la actriz, en una película que sigue exactamente el mismo patrón de cualquiera de los títulos anteriores, aunque añadiendo un ligera dosis de acción en su corto metraje, centrándose en diferentes tramos más en las vicisitudes vividas por el personaje interpretado por Colin Banks que en la propia pareja.
A pesar de ello, Mi novio es un ladrón posee un notable regusto a producto ya visto, a guión añejo por no decir rancio, en una película que, por desgracia, carece totalmente de solera, y donde la química entre sus parejas brilla por su ausencia. Así pues, cada cual hace lo que aparentemente sabe hacer sin aventurarse a explorar nuevos territorios interpretativos: Meg Ryan en su rol de enamorada alocada e histriónica, Antonio Banderas ejerciendo de galán exótico con sus típicos ademanes, y Colin Hanks tratando de seguir de manera infructuosa los primeros pasos de su padre.
La película, por contra, posee gags afortunados como las escuchas del FBI o las apariciones del ex-novio italiano de la protagonista, y su visionado puede llegar a resultar más o menos grato para todo aquel que esté dispuesto a ver por enésima vez las mismas situaciones antaño rocambolescas, pues George Gallo juega sus bazas sin arriesgarse a innovar en un sólo fotograma.
Así que, y resumiendo, concluiremos diciendo que Mi novio es un ladrón es un refrito de las exitosas comedias románticas de los ochenta, anclada en la nostalgia de una época dorada ajena en buena medida al consumidor actual, tal y como ocurriera con Novia a la fuga.
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