Con una estética inquieta y mareante mal copiada del estilo videoclipero de Tony Scott, Andrew Lau debuta en la industria americana con una realidad enfermiza y una historia contagiada por lo macabro.
Errol (Richard Gere), es un funcionario encargado de vigilar a exconvictos encarcelados por delitos sexuales. Sus métodos no son del todo hortodoxos, pero es un hombre atormentado. Cuando una joven desaparece, Errol cree que puede haber sido alguno de su "manada" (de ahí The Flock del título original). Como dentro de poco deja el departamento, le encomiendan que enseñe a su sustituta (Danes) todo lo que sabe. Y de paso le acompaña en la resolución del caso.
Gere, el actor al que nunca le veremos llorar de verdad, hace el papel de un desquiciado funcionario que se vuelca con las víctimas y maltrata a los ex violadores durante su supuesta reinserción. Aunque la actitud de este sufrido funcionario sería impensable en un país como el nuestro, el personaje de Gere se hace tan antipático e insufrible que deseamos que abandone cuanto antes el caso y deje la unidad a la deliciosa y frágil Claire Danes.
Lo único que puede tener interesante la película es reflejar una escabrosa realidad, pero se regodea tanto en personajes enfermos que resulta repugnante.
Lo mejor: Claire Danes.
Lo peor: Innecesariamente enfermiza.
