De hecho, el cine independiente era aquél, hasta lo que yo entiendo, que se hacía fuera de los grandes estudios por tener una historia que los productores juzgaban que no interesaban o que representaban una realidad cruda y desagradable. Y por eso mismo no creían que la gente la fuera a ver al cine, ya que normalmente va deseosa de evadirse.
Pues bien, al igual que Pequeña Miss Sunshine, Juno se presentaba como una película modesta con un poderoso guión y una protagonista con encanto. Y como en la película anteriormente mencionada, se basa en miles de historias reales que queda en un guión simplón repleto de situaciones bastante inverosímiles y diálogos improbables pero que provocan la sonrisa e incredulidad del espectador. Pero ni por asomo son las grandes películas premiables, mucho menos en el guión. Si ésto es un Oscar a un guión original, mucho se ha bajado el nivel.
Los dos mayores atractivos son Ellen Page, que puede convertirse en la nueva Natalie Portman, y la selección musical, muy retro-hippie con reminiscencias de un Dylan tempranero. Ambas hacen la película agradable, pero también consiguen que nos cansemos del permanente ingenio de una cría de 16 años (los diálogos sobre grupos musicales son de lo más repelente) y de un ambiente poético muy cansino y parecido a un permanente anuncio de compresas.
Una película pasable con temática muy de hoy, lo cual se agradece, que entra por la retina pero no en la memoria.
Lo mejor: Ellen Page y las canciones.
Lo peor: El tono pedante de toda la película.
