Lo mejor
La precisa estructura del film, y la manera en que Schrader aborda los códigos de vida de la cultura nipona, y el sentido del sacrificio que persiguió Yukio Mishima hasta el último minuto, en cada episodio de su vida y su obra, barriendo con los propios preconceptos ideológicos que precedieron su accionar.
Lo peor
La excelsa, aunque fastuosa, música de Philip Glass, y la narración en inglés de los fragmentos del pensamiento de Mishima que articulan todo el relato.






