Dirigida por Lewis Milestone, un “artesano”, (calificativo con el que los cinéfilos definen a los no autores, a los realizadores que trabajaban por encargo), y por Carol Reed en algunas escenas, la crítica fue unánime al considerar la actuación de Marlon Brando como la peor de su carrera. Se habló de un actor caprichoso y déspota que, muy lejos de acatar órdenes algunas de la dirección de la película, interpretó al personaje según su propio criterio. Tampoco fue bien considerada la actuación de Trevor Howard ni los toques cómicos que se añadieron al Capitán Blight, que restaban dramatismo a la obra maestra de los años treinta. Como anécdotas y curiosidades, se puede contar que la segunda mujer de Brando formó parte del reparto de la película del 35, mientras que en esta nueva versión, el actor encontró a la que sería la tercera de su colección de esposas, una indígena llamada Tarita. No sería el único miembro del equipo que se llevara un souvenir de la paradisíaca isla en la que se rodó el filme.Con posterioridad, Mel Gibson y Anthony Hopkins protagonizarían la tercera versión de esta historia de barquitos, de la que muchos preferimos no hacer comentario alguno.
A pesar de los pesares, y con la perspectiva que da el tiempo, se puede llegar a la conclusión de que Mutiny on the Bounty (título original de esta película) nunca mereció el trato recibido ni la comparación despiadada que se le hizo con su predecesora. Claro que, también es cierto que la crítica no siempre es justa y que el público, en la mayoría de los casos, resulta imprevisible.







