Pues bien, Rambo vuelve a la carga veinte años después. Y cuando lo fácil sería facturar un divertimento light en el que el soldado perfecto destrozara musulmanes, Stallone se pone al mando del proyecto para devolvernos a un personaje moralmente machacado, más allá de cualquier redención, y más violento que nunca. Y qué quieren que les diga, hasta puede pillar por sorpresa.
Tras las sangrientas escabechinas en Vietnam y Afganistán, Rambo se vuelve a quitar de enmedio y se dedica a cazar serpientes en Tailandia. Unos misioneros que pretenden aliviar el sufrimiento de la cruda guerra civil birmana son capturados por el ejército, y Rambo decide volver al infierno, tras aceptarse por fin a sí mismo: él no va a la guerra, él es la guerra.
En un ejercicio de honestidad y coherencia, Stallone dirige con nervio y sencillez la última matanza de Rambo sin medias tintas: cuerpos que explotan, cabezas cercenadas, cráneos atravesados por flechas, violaciones, incineraciones, boquetes del tamaño de un puño… lejísimos de la trivialización de la guerra que eran ‘Rambo’ y ‘Rambo III’, ‘John Rambo’ utiliza el "estilo post 11-S" y raya a gran altura en las escenas de acción. Además, el carácter solitario y casi psicópata del personaje principal es subrayado por dos detalles: la ausencia de su mentor, el coronel Trautman; y la comparación con los toscos mercenarios, que a su lado parecen novatos. Todo un espectáculo bélico al servicio de una figura que, en esta cuarta entrega, alcanza una dimensión casi legendaria.
Gracias al sentido común de su actor-director y a un acertado y crudo envoltorio visual obra de Glen McPherson y Franco-Giacomo "Hostel" Carbone, ‘John Rambo’ es una notable película bélica a pesar de puntos negros como la falta de carisma de los actores que acompañan a Sly en el reparto, esa primera media hora demasiado redundante o ese final desaprovechado en parte. En la reciente rueda de prensa, Stallone declaró que con ‘John Rambo’ pretendía despedirse del personaje plasmando toda la brutalidad de la guerra. Objetivo cumplido, desde luego. Un 7.
Lo mejor: No da gato por liebre, y te reconcilia con el Rambo de Acorralado. Las escenas de acción están a la altura de cualquier superproducción.
Lo peor: Los secundarios no brillan. La primera media hora se podía resolver en diez minutos. Le faltan frases lapidarias.
