Y lo cierto, es que sigo teniendo esa impresión. En el valle de Elah narra la desesperada lucha de un padre por encontrar a su hijo al que dan por desaparecido misteriosamente. Entonces, los mensajes que se ofrecen al espectador son: la sensación que tienen muchos padres, sobretodo los que han pertenecido al ejército como el protagonista, de conocer a la perfección a sus hijos y las repercusiones tan poco predecibles que tienen los soldados jóvenes que vienen de una guerra tan dura como puede ser Bosnia o Irak.
Ese tipo de mensajes no son críticos con la actuación estadounidense, más bien reflejan una situación que se produce de la que no nos percatamos y que el gran Paul Haggis, ha sabido mostrar a la perfección en la película, después de leer en un artículo periodístico la historia real que se cuenta en el filme. Pero, evidentemente, me quedo con la crítica de Redford en Leones por corderos, por irónica y por haberla sabido mostrar desde tres puntos de vbista diferentes.
En esta, nos encontramos una gran historia contada con la maestría de este guionista que no deja de sorprendernos, unas magníficas interpretaciones, solamente reflejada en los Oscar por la nominación de Tommy Lee Jones, pero que está perfectamente acompañada por esa gran actriz tan versátil que es Charlize Theron, a la que sigo admirando, y no menos por esos pocos minutos pero de gran calidad artística, de la siempre inigualable Susan Sarandon.
Lo mejor: El cuento de David y Golliat.
Lo peor: Que no entre más de lleno en la crítica de la política estadounidense con Irak.
