El director, Bill Guttentag, nos presenta una desorbitante posibilidad futura de la miseria televisiva. Un resultado más que potencial de hacia dónde se dirige la televisión actual donde el rating es el dios que todo lo dirige, y para ganarlo hay que manipular, corromper, transgredir y sobretodo sobre estimular el interés del espectador medio. Con imágenes casi exageradas donde la factoría televisiva se entremezcla con la vida de los involucrados, la película aborda desde los diálogos las reflexiones más crudas y patéticas de este mundillo. Todos tienen un precio, todo aspecto legal tiene su vuelta, todo anunciante carece de valores y finalmente todos tenemos la misma curiosidad de saber “hasta dónde llegan” los otros.
La actuación de Eva Mendes como la ambiciosa presidenta de programación de una cadena televisiva en decadencia deja bastante que desear, pero buen equilibrio hace con un personaje cuya frialdad y falta total de valores y escrúpulos sufre un utópico vuelco moral hacia el final. En este sentido el film bordea constantemente los límites entre lo creíble y lo inverosímil; como el supuestamente introvertido y serio director de cine que parece no estar del todo de acuerdo con el programa pero sin embargo salta exultante ante el éxito de los números al igual que el resto de los concursantes hacia el final del programa o el público que no ven más allá de lo que quieren ver. La tragedia no se nota, la muerte pasa inadvertida, lo que queda son los ganadores y ellos son el centro de atención, ellos son todo lo que vale.
El film es recomendable si se está dispuesto a reflexionar, si se quiere leer entre líneas y ser capaces de autocrítica. Para los que buscan la acción de la mismísima ruleta rusa, esperen a que Tinelli nos venga con la idea.
Lo mejor: Las estresantes escenas donde se juega la mismísima ruleta.
Lo peor: El look de falso documental que a veces perturba estéticamente.
