El gran mérito de ‘Hoop Dreams’ es que dura casi tres horas y ni te enteras. Parte del documental deportivo al uso, con chavales intentando emular a su ídolo, pero muy pronto te das cuenta del peso que un entorno como el de Will y Arthur supone: familias viviendo en el umbral de la pobreza, amigos poniéndote al límite de la ley, embarazos adolescentes… si a eso sumamos un sistema educativo que gira en torno al éxito y olvida al segundón y unas exigencias deportivas francamente duras para críos de 16 años, nos encontramos con una verdadera odisea. Un viaje en el que vemos cómo los niños se convierten en hombres, y cómo la vida pone a prueba sus ganas no ya de triunfar, sino de sobrevivir.
Steve James, para colmo, resulta ser un gran director. Alterna episodios deportivos brillantes y verdaderamente épicos (desde ‘Hoosiers’ no había vivido momentos tan apasionantes) con imágenes que retratan un modo de vida al límite (la familia viviendo sin luz eléctrica, los trapicheos de drogas del padre de Arthur ante la mirada de su propio hijo). Y siempre con un enorme respeto por todos y cada uno de los personajes. La mirada limpia del director nos permite emocionarnos con cada pequeño pasito que los dos protagonistas dan en su lenta ascensión (los seguimos a través de cuatro años) a la fama.
Como único pero podría señalar la excesiva duración de la película, pero reconozco que al final no podía creer que me había tragado un documental de 170 minutos, de lo rápido que pasó. Por lo demás, una delicia no sólo para apasionados del basket, sino para cualquier amante del documental sin trampa ni cartón. Un 9.
Lo mejor: La imprevisibilidad de las vidas de los jóvenes protagonistas. La sensibilidad y valentía con que está narrado. La narración visual de los partidos, que consigue emocionar.
Lo peor: Son casi tres horas de metraje, y si no te gusta el baloncesto se te pueden hacer largas...
