Es una película que no engaña. A mi parecer, el sector que más puede disfrutarla es el que va de los 10 a las 14 años. Y me atrevería a decir que no es de esas que también gustan a adultos, puesto que las formas son de pura adolescencia.
Aún a alguien como yo, capaz de soportar altas dosis de pastel en las películas, ésta se me indigestó sin remedio con un mensaje demasiado dulce, aunque digno de alabar: la ilusión por el amor ideal, o casi.
En cuanto a la parte cómica de esta cinta romántica, no me funcionó casi ningún gag, consiguiendo tan solo alguna sonrisa aislada.
¿Por qué fui a verla entonces? Por un comentario engañoso de una emisora de radio, y porque hace un par de meses estuve en Nueva York, y para mí, sólo ver el kiosco de Columbus Circle donde desayunaba o la secuencia de Central Park, hace que merezca la pena.
Conclusión: si tenéis un día tontorrón (pero mucho), o tenéis 13 años, o habéis estado en Nueva York, podéis pasar un rato agradable. Si no, os la podéis ahorrar sin problemas
Lo mejor: Nueva York.
Lo peor: Demasiado azúcar. Poca gracia general.
