La película, primera entrega de una trilogía, nos sitúa en un mundo paralelo al nuestro, en el que los humanos poseen una suerte de alter ego conocido como daemon, representado bajo forma animal. Lyra, la protagonista de esta historia, se embarcará en una aventura sin precedentes para salvar a dos amigos desaparecidos y desenmascarar al Magisterium, una entidad que pretende evitar a toda cosa que el mundo conozca la existencia del llamado Polvo, un aura que, a través de los daemon, permite viajar a los humanos a través de los diferentes mundos paralelos.
Triste inicio de saga fantástica supone La brújula dorada.
Obviando ya las similitudes que la adaptación de Luces de norte tiene con las cada vez más prolíficas franquicias fantásticas protagonizadas por niños que inundan nuestras carteleras en estos últimos años, la película de Chris Weitz transcurre con lentitud a pesar de la constante aglomeración de acontecimientos y la saturación de personajes secundarios que aparecen y desaparecen a lo largo de su metraje.
De este modo, aunque la película acierta adoptando un enfoque relativamente más maduro que otros títulos fantásticos, ésta no es más que una sucesión de acontecimientos, sino previsibles, sí consabidos, que en casi ningún momento llega a captar nuestra atención: la historia resulta monótona, y tan sólo los impresionantes a la par que sobrios efectos digitales logran que no apartemos la mirada de la pantalla con excesiva frecuencia, en un mundo con ecos del Londres victoriano ya visto en la franquicia del joven mago Potter, si bien algo más suburbial, como si de una novela en clave fantástica de Dickens se tratase.
Por otro lado, cabe decir que el planteamiento que La brújula dorada nos ofrece ‘a la larga’ resulta bastante más atractivo que el producto inmediato, con un sinfín de mundos paralelos apenas mencionados en esta primera entrega y la interesante dualidad entre los humanos y sus daemons, los cuales representan las virtudes y debilidades de sus propietarios y mantienen un vínculo vital con ellos. Mención aparte merece la crítica que presumiblemente La brújula dorada realiza a la Iglesia católica, encubierta bajo la figura del Magisterium, pues la película (el libro, ni idea) apenas sí nos permite interpretar dicho mensaje, y si no fuera por la repercusión que dicha noticia ha tenido en ciertos medios, dudo bastante que nadie lo tuviera verdaderamente en cuenta.
En cuanto al apartado interpretativo se refiere, nos encontramos con una Dakota Blue Richards solvente aunque algo detestable en algunos momentos, una Nicole Kidman totalmente risible, un Daniel Craig anecdótico aunque cumplidor, un Sam Elliot simpático y una Eva Green bastante triste no por su interpretación, sino más bien por el rol que le ha tocado ejercer.
En definitiva, apenas sí podría destacar de La brújula dorada unos decorados fantásticos y a unos tremendamente verosímiles y simpáticos daemon, además de un combate entre osos polares bastante logrado.
Le doy un 5 sobre 10.
Lo mejor: Los elegantes efectos especiales, ene special la recreación de los daemon, y las posibilidades de que tanto estas criaturas como los mundos paralelos nos ofrecen.
Lo peor: Los personajes que aparecen y desaparecen, los acontecimientos solapados y relamidos, y la monotonía que envuelve al film.
