Scorsese se aparta de la hagiografía pero es innegable que, aunque no le juzgue sí tiene cierta simpatía con su protagonista. Quizás porque le recuerda a sí mismo en la lucha que tiene o tuvo en el pasado con la industria cinematográfica, quien le postergó de la gloria en numerosas ocasiones.
Su narración es fluida, con notables momentos de humor (el prólogo o la cena con la familia de Hepburn) y prodigiosos diálogos, rápidos e incisivos. Diversos estamentos sociales y empresariales son objeto de burla, chanza o simplemente crítica, mostrando ejemplarmente al espectador cómo era cierta clase de personas en aquellos fascinantes tiempos del, quizás mejor o por lo menos más puro, Hollywood.
Las interpretaciones son estupendas, destacando fácilmente su protagonista Leonardo di Caprio, siempre buen actor aunque en ocasiones acomodado en lo fácil. Aquí demuestra una inmensa variedad de matices que desnudan el alma de tan complejo personaje. De todas formas, yo destacaría, incluso por encima de él, a Cate Blanchett, como Katharine Hepburn. Resulta curioso que, no pareciéndose físicamente nada a ella, gracias a su estilizada composición gestual, en ocasiones su parecido no sea ya grande sino que incluso se asemejan como dos gotas de agua.
Lo mejor: La ambientación e interpretaciones.
Lo peor: ¿Su duración?
